Las fiestas del Eterno
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Las fiestas del Eterno: el propósito de los tiempos señalados
Las fiestas bíblicas no fueron inventadas por una religión. La Torá las presenta como “moedim” (מוֹעֲדִים), es decir, tiempos señalados o citas establecidas.
En Levítico 23:2 se dice:
“Las fiestas señaladas de Hashem, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas…”
Hay algo muy importante en esa frase: “mis fiestas”.
No dice simplemente “las fiestas de Israel”, sino “las fiestas de Hashem”.
1. Son citas con Hashem
La palabra moed está relacionada con un tiempo establecido para encontrarse. Por eso podemos entender las fiestas como citas que Hashem estableció dentro del calendario de Israel.
El calendario bíblico no solamente sirve para saber qué día es. Tiene una dimensión espiritual: el tiempo también puede ser apartado para encontrarnos con Hashem, recordar sus obras y comprender sus procesos.
Por eso Levítico 23 comienza presentando primero el Shabat y después las fiestas anuales.
2. Cada fiesta recuerda algo, pero también anuncia algo
Las fiestas tienen una dimensión histórica.
- Pesaj → recuerda la liberación de Egipto.
- Matzot → recuerda la salida apresurada y la separación de Egipto.
- Shavuot → está relacionado con la cosecha y posteriormente con la entrega de la Torá.
- Yom Teruá → convoca mediante el sonido del shofar.
- Yom Kippur → día de expiación y purificación.
- Sukkot → recuerda que Israel habitó en sukkot durante el desierto y celebra la provisión.
Pero no debemos quedarnos únicamente con la historia.
Las fiestas forman un proceso espiritual: liberación → separación → revelación → despertar → purificación → morada.
3. Las fiestas enseñan el plan de redención
Desde una lectura mesiánica, es muy interesante observar cómo el Brit Hadashá relaciona acontecimientos importantes con el calendario de las fiestas.
Pesaj está relacionado con la muerte de Yeshúa; Shavuot con el derramamiento del Ruaj; y las fiestas del séptimo mes abren una dimensión profética relacionada con despertar, juicio, expiación y restauración.
Pero es importante no forzar cada detalle: primero debemos respetar lo que la Torá realmente dice y después estudiar sus conexiones mesiánicas.
4. No son solamente ceremonias
Este es quizá el punto más importante.
Hashem no entregó las fiestas simplemente para que Israel tuviera celebraciones culturales.
Cada moed tenía un propósito:
recordar → enseñar → convocar → corregir → preparar.
Por eso Deuteronomio insiste tantas veces en recordar.
El ser humano tiende a olvidar. Las fiestas interrumpen ese olvido.
Cada año el calendario vuelve a llevarnos a determinados acontecimientos para preguntarnos:
¿Dónde estoy ahora en mi relación con Hashem?
¿Qué debo recordar?
¿Qué debo corregir?
¿Qué necesita ser restaurado?
5. ¿Por qué son importantes hoy?
Porque las fiestas nos enseñan a volver a vivir el tiempo desde la perspectiva de Hashem, y no solamente desde nuestro calendario cotidiano.
El calendario bíblico convierte el tiempo en enseñanza.
No se trata solamente de saber cuándo es Pesaj o cuándo comienza Sukkot.
Se trata de comprender qué está haciendo Hashem en cada etapa y qué respuesta espera de nosotros.
Y quizá por eso Levítico 23:4 vuelve a decir:
“Estas son las fiestas señaladas de Hashem, las convocaciones santas, las cuales proclamaréis en sus tiempos.”
Son sus tiempos.
Ese es el fundamento.
Las fiestas no son simplemente “tradiciones judías” que debemos estudiar desde afuera. Son parte del lenguaje que la Torá utiliza para enseñarnos redención, santidad, memoria, arrepentimiento, restauración y esperanza.
Las fiestas del Eterno no fueron dadas solamente para celebrar fechas; fueron dadas para enseñarnos a reconocer a Hashem dentro del tiempo.
Y cuando estudiamos el calendario de la Torá, descubrimos que el tiempo mismo se convierte en una escuela espiritual.
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